sábado, 15 de mayo de 2010

Víctimas en espejo, de Judith Márquez


Discurren los aullidos  de la aurora
junto a la lágrima, la voz, el ciego azul
de  noches, acordes truncos de guitarras quemadas.
Y escupes sin piedad, y muerdes horas.
Vuelves impiadosa a un comienzo forzado
como si ilógicamente intentaras
tapar el sol con aquel gris de tus dedos flacos.
Y nieva en este mar…
caen meteoros en cunas vacías,
rasgan la piel,  reavivando  heridas.
Lejos sus manos, jamás escucharán que fueron siglos:
de refugio ,  bastión de salvación , de devoción sin pausas.
Y aquel bastón de ciega que, en tiempos de montaña, te guiara…
¡Has dado muerte al que te daba vida!
Quieres tal vez, acribillar un nombre,
Y olvidar que también (tal como él) perdiste en el ocaso
la  penosa batalla de los espejos rotos.
Crepitan sus zapatos bajo la luz asfáltica,
 la lluvia lo detiene  en la partida
 Más ,junto a él la patética ceguera
 tan lacrimosamente igual a la tuya.
La misma que en pasado a otros ojos prodigaras.
Se voltea y te mira busca un paso en vos
Busca en la nada…
Busca la luz en vos,
para ganar alguna vez la guerra ansiada.
Y en el adiós brutal aún te aclama.
Se enrosca a tus pies, se arrastra hasta lo indigno
Se despoja de él, sigue pensando
“Que este fin bien lo vale, que aún se puede más,
Que hay que sangrar  así medularmente”
Pero tu soledad en ecos se proclama
La elección  de lo ingrato: tu cárcel, tan ansiada.
El eco de tu sombra proyectada sin pausa, sin reparos.
Y la similitud se vuelve carne
se refleja en espejo la que fue tu mirada
Y te ves como él implorando humillada
Por migajas de amor, proclamando a otra nada.
Y en el parir salidas se encuentran en los ojos
Algo en él te recuerda incesantes batallas
Y en el aire que expira corporiza  fantasmas…
“Amor, de mil palabras cruzadas: el corazón muerto,
 (como los corazones en general)                         
es lo suficientemente frío, y aun así
ese hielo es  el mejor lugar para vivir.”
Yacen restos de sueños, víctimas del ocaso.
Él se abraza al  penoso quizás que lo amparaba.
De tu mano se pierde entre la nada.
A sabiendas que vos en  idéntico espejo
Ansiarás dedicar las extintas moléculas de oxígeno
Y acariciar tal vez, con similar  tesón, tu propia nada.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Clepsidra eterna, por Judith Márquez

En los enigmas encontré respuestas
Y melodía en unas notas vagas,
El cimarrón susurro de una noche
Y aquel buzón cargado de mensajes…
Que alguna vez atiborré en cascada.
En los relojes castigué en colores
La bipolaridad de aquel abrazo magro
Recapturé minutos de tu sombra
Y le robé segundos a tu espacio.
Repliqué la clepsidra exactamente,
Con nobles materiales y en escala.
Para cuantificar sonidos de tus labios
Para medir con agua los vocablos,
La canción, la dicción, el lineamiento,
el murmullo, la voz, los mil pretextos
Con los que en este día te he anhelado.